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Jane Goodall: entre el respeto y el utilitarismo

Jane Goodall ha hecho por los animales no humanos mucho más de lo que una persona promedio podría lograr. Su legado trasciende a la comunidad vegana y la convierte en un símbolo internacional de compasión y respeto hacia los demás animales. Su trabajo cambió la forma en que el mundo comprende a los chimpancés y, por extensión, a muchas otras especies. Por todo esto, reconocemos su compromiso y valoramos muchas de sus enseñanzas.

Pero también creemos necesario realizar un análisis crítico, para mostrar cómo incluso figuras ejemplares pueden sostener prácticas especistas o moralmente cuestionables que no deben justificarse, por mucha admiración o cariño que les sintamos.

Si analizamos la postura de Goodall desde la filosofía vegana, vemos que no fue abolicionista, sino bienestarista, al promover la regulación de ciertas formas de explotación: fue alguien que buscó mejorar radicalmente el trato hacia los animales, pero sin rechazar toda forma de uso o cautiverio. 

Más adelante veremos cómo su imagen ha sido incluso utilizada para promover prácticas utilitaristas bajo un discurso de compasión.

 

¿Jane Goodall fue vegana?

Goodall fue vegetariana durante décadas y más tarde adoptó una alimentación basada en plantas. En entrevistas reconocía que evitaba los productos animales tanto como podía, aunque sin emplear el término vegan en un sentido político o antiespecista:

“Intento comer vegano siempre que puedo, pero a veces es difícil cuando viajo.”

— The Guardian, 2020

Su enfoque, coherente con su estilo humanista, no era tanto normativo como inspirador: invitaba a reducir el consumo de carne por razones éticas y ambientales, pero sin la urgencia moral que expresaba, por ejemplo, Tom Regan, quien defendía que todos los animales no humanos poseen un valor inherente independiente de su utilidad para los humanos.

Goodall, por su parte, tenía una relación íntima con los primates y nunca dudó de su sintiencia ni de su derecho a ser respetados. Sin embargo, no necesariamente extendía esa consideración a todas las especies o individuos, incluidos los más pequeños o menos “carismáticos”, como los roedores.

 

Comparación con Singer y Regan

La comparación con Peter Singer y Tom Regan ayuda a situar a Goodall dentro del debate ético contemporáneo.

Peter Singer, desde el utilitarismo, busca minimizar el sufrimiento y maximizar el bienestar; aceptando algunas formas de uso de animales si eso produce menos sufrimiento general.

Tom Regan, en cambio, sostiene que los animales son “sujetos de una vida” y poseen derechos morales inalienables. Su valor inherente impide cualquier forma de uso o consumo.

Jane Goodall se ubica más cerca de Singer que de Regan. Aunque compartía con este último la idea de dignidad y valor intrínseco, su acción pública fue pragmática y reformista. Promovía cambios graduales, regulaciones más estrictas y estándares más altos, no la abolición total de la cautividad o del uso animal.

En una reciente declaración, Goodall dice:

“Me hice vegetariana cuando descubrí la existencia de las granjas industriales. Después de leer «Liberación animal», de Peter Singer, recuerdo que miré un trozo de carne en mi plato y pensé: «¡Esto simboliza miedo, dolor y muerte!». No me lo comí, ni he vuelto a comer carne desde entonces. Y lo mismo ocurrió con la leche y el queso cuando descubrí el horror de las granjas lecheras.

Solo cuando la gente comprenda la realidad de la ganadería industrial y adopte una dieta basada en plantas, solo cuando se acepte más ampliamente que los animales de granja son seres sensibles y, a menudo, inteligentes, podremos esperar poner fin a estas prácticas bárbaras

Aunque este testimonio parece inspirador, refleja todavía una mirada antropocéntrica.
Goodall utiliza eufemismos como carne para referirse al cuerpo de un animal asesinado. Como explica Carol J. Adams en La política sexual de la carne (1990), este lenguaje especista borra al sujeto real detrás del producto y transforma un cadáver en “alimento”.

Además, al describir a los animales en granjas como “a menudo inteligentes”, sigue evaluándolos desde parámetros humanos, en lugar de reconocer que todas las especies poseen su propia forma de inteligencia y valor intrínseco.
Su discurso apela al sentimiento humano ante el sufrimiento del otro, más que al derecho de ese ser a vivir según sus propios intereses. Por eso su enfoque se traduce en la búsqueda de regulaciones que reduzcan el sufrimiento, más que en la exigencia de abolir las prácticas que lo generan.

 

Bienestarismo y regulación

En relación con el tráfico ilegal de animales, la postura de Goodall fue una oposición consistente. Pero en relación a los zoológicos esto cambia: Desde el Jane Goodall Institute, emitió declaraciones en las que afirmaba que algunos zoológicos podían desempeñar un papel positivo si garantizan altos estándares de bienestar y se comprometían con la conservación real:

“Debemos trabajar por un mundo donde los animales sean tratados con respeto y compasión: en la naturaleza, en nuestros hogares y, sí, en cautiverio, donde se les debe brindar la mejor vida posible.”

— Jane Goodall Institute, 2021

Goodall también colaboró con zoológicos como el de Los Ángeles o el Lincoln Park Zoo, con la intención de mejorarlos, pero no eliminarlos.

La Fundación BIOPARC, de España, que colaboró con el Instituto Jane Goodall en su proyecto en Senegal, publicó una grabación de la visita de Goodal en la que declara “haber pasado una mañana maravillosa en el Zoológico, ya que hace sentir a la gente que se está paseando por el bosque o la sabana”.

De igual modo, apoyó proyectos como HeroRATs, de la organización APOPO, que entrena ratas para detectar minas antipersona o productos de vida silvestre traficados. Durante una visita, incluso se nombró a una rata “HeroRAT Jane”. Su imagen es utilizada, desde antes de su muerte, para solicitar apoyo económico para estas víctimas que salvan vidas… vidas humanas y eventualmente de animales exóticos, poniendo las suyas en riesgo y siendo consideradas por su utilidad, no por su valor intrínseco.

De hecho, actualmente la organización HeroRAT continúa utilizando la imagen de Goodall para recaudar donaciones, mostrando cómo incluso los íconos de la compasión pueden promover la explotación animal al involucrarse con iniciativas especistas.

Desde una perspectiva vegana, el uso de animales para fines humanos, así sean educativos y nos generen beneficios; sigue siendo éticamente inaceptable, pues implica su instrumentalización y la violación de su derecho fundamental a la vida y la libertad. 

 

La importancia de las etiquetas

Calificar a Goodall como utilitarista bienestarista no es restarle mérito, sino que busca ubicar sus acciones con precisión ética y evitar confusiones o idealizaciones ficticias.

Aun reconociendo y sinceramente agradeciendo sus aportes para sensibilizar a la población no vegana respecto a la sintiencia de algunos animales no humanos, debemos tenerlo claro: cooperar con zoológicos o apoyar proyectos donde los animales son usados, entrenados, confinados y hasta asesinados, en nombre del bienestar humano; no es éticamente correcto.

Estos actos perpetúan la idea de que algunos animales pueden ser cosificados “por una buena causa”, lo cual sigue siendo una forma injusta de discriminación.

No quisiéramos dejar de mencionar que en esta otra entrevista, que posiblemente es la última, ella habla de animales rescatados de la explotación en industrias alimenticias, motiva a la gente a moverse hacia una alimentación basada en plantas y al final dice “soy vegan, con 91 años”. Si bien es muy probable que se refiriera a una la alimentación 100% basada en plantas, que no es lo mismo que posicionarse contra toda explotación y trabajar por la liberación animal de toda opresión humana; deseamos de todo corazón que aunque fuera en los últimos momentos, ella comprendiera que ningún animal merece ser usado para nuestro egoísta beneficio y que veganismo es, como lo describe Leslie J. Cross, Vicepresidente de la Sociedad Vegana al momento de su creación: “El movimiento vegano se compromete a la búsqueda del objetivo de acabar con todos los usos que implican la explotación dfe la vida animal por parte de la humanidad.”

Una alternativa ética para la relación y el cuidado de los animales perjudicados por nuestra especie, es el veganario: un hogar vegano permanente para animales rescatados donde el principio de no explotación busca ser innegociable.

 

Conclusión

Jane Goodall representó una transición ética importante y su legado es valioso, aunque no fuera vegana. Incluso hasta este momento nos impulsa a mejorar y por medio de sus acciones (y contradicciones) nos motiva a recordar y reafirmar que la compasión sin liberación sigue siendo parcial.

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